Carta abierta al mataperros Juan Lado

Es un hombre bello y hermoso, con una paz interna en su corazón y un alma limpia como la mismísima lejía. Es tan maravilloso que el día que muera vendrán seis angelitos por él y le transportarán a las puertas del cielo, donde se encontrará con Ronnie y le morderá los huevos. (De los foros animalistas, un anónimo refiriéndose a Juan Lado.)

Don Mataperros, Don Cobarde, Don Juan Lado Cagón, me han llegado noticias de que usted ha apelado (qué parecida palabra con "apaleado") la sentencia que absolvía al grupo madrileño Lyvon de la acusación suya de injurias y daño a la imagen en la canción "Juan Lado Cagón". Ahora Lyvon se ven de nuevo envueltos en este sucio y oscuro caso, lo digo en cuanto a su presencia, porque por Ronnie, el perro que usted apaleó miserablemente, estoy seguro que Lyvon seguiría hablando toda la vida.

Lo que le voy a decir es corto porque usted no merece ninguna consideración, señor Juan Cobarde Mataperros. Me da asco. Me da asco a mí, le da asco a las flores, le da asco a la humanidad, les da asco a los niños, le da asco al futuro. Siento vergüenza de que en la misma tierra que yo piso, donde ahora germinan las flores en esta primavera nueva, usted camine también con sus pies oscuros y su mirada oscura y su sonrisa llena de desprecio a la vida y vacía de inteligencia y compasión.

Es usted la representación más perfecta de la España negra, la de los toros vomitando sangre y soltando lágrimas mientras el guarro del puro se rasca la barriga y dice "qué faena", la de acelerar con el coche para chafar al gato, la España de los guapitos a caballo, jodiendo al caballo vivo porque tendría que estar en el campo y no con una basura de persona encima, la España negra de las tías machistas que le dicen a sus hijas que pongan la mesa y le lleven el vaso de agua a la mano del

padre, la España egoísta y cruel que luego baila los éxitos musicales de moda sin ver que menean sus lorzas sobre charcos de sangre de sus propios cuchillos. Usted es lo peor de este país, un apaleador y un cobarde y una malísima persona.

No tiene derecho a mirar a la cara a nadie, a salir al campo, a mirar el cielo, a mirar un niño, a mirar una mujer, a mirar ningún perro. Tendría que tener su nocturna cabeza bajo la tierra desde que cometió ese gran crimen contra la vida, cuando descargó toda su cobardía contra un perro indefenso que confiaba en usted para recibir el alimento cada día, el agua de cada día, la manta para el frío. Le tenía pánico, eso seguro, pero también confiaba en la llegada de su sombra de hombre para esas cosas vitales, y le llegó usted como una tormenta de palos a su vida desgraciada, para desgraciársela aún más.

Y ahora va y nos salta con nuevos bríos judiciales para ahogar la paciencia y el bolsillo de un grupo tan querido para la defensa de los animales como Lyvon, que han hipotecado su vida en esta lucha por un mundo mejor que tantas tristezas nos da como el caso que nos ocupa. No tuvo bastante usted con liquidar a ese pobre perro que quiere seguir apaleándolo en aquellos que defendemos la vida. Viene de nuevo a tocar los cojones con que se le ha dañado irreparablemente la imagen, ¿qué imagen?, yo siempre le imagino con el palo en alto atizándole a un perro que chilla como una mujer desesperada.

Juan Cobarde Cobarde, no sé qué hace usted mirando las cosas bajo la luz del sol porque debería estar en un cuarto oscuro llorando por ser quien es y llorando porque lo odia cada una de las flores que nacen en esta primavera maravillosa que tanto recuerda a Ronnie y abomina de su presencia. Porque usted nos da asco a todos, asco, asco, asco...

Ángel Padilla